Editorial

El fútbol…esa pasión

Para los antiguos griegos, apasionarse implicaba sufrir. Nada más fiel a la manera en que se vive el fútbol en nuestro país.

El escritor Alejandro Dolina recurre al origen etimológico del concepto en la Grecia antigua, y lo encuentra en la palabra “pathos”, que quiere decir “padecimiento”. Podría decirse entonces que el goce del triunfo es directamente proporcional al padecimiento experimentado durante el proceso.

Uno no sufre porque quiere. La pasión no es premeditada ni se puede impostar. El seleccionado argentino ya había sufrido ese padecer al menos en dos oportunidades anteriores ala gran final en Qatar. Ayer, cuando rodo parecía controlado para que “la scaloneta” se alzara con el triunfo en tiempo reglamentario, la realidad sacudió con golpes certeros franceses, haciéndonos saber que el rival aún tenía resto para dar pelea en su condición de campeón.

Y nuestros muchachos que habían llegado a este mundial con un solo y gran objetivo, luego de los 90 minutos, de los 15 más 15 y de una tanda de penales que no fue necesario completar hicieron estallar de emoción a millones de almas por todo el mundo, que comprendieron aquello que dice: “Amar y querer no s igual. Amar es sufrir, querer es gozar”.

La alegría desbordante que contagió a cada uno de los fanáticos de la albiceleste hizo que mágicamente desaparecieran las diferencias entre quienes festejaban; millonarios y xeneises, leprosos y canallas, los del country y los de la villa, los que militan de un lado u otro de la grieta, todos por igual saltando y cantando unidos por la misma pasión y los mismos colores.

En palabras de Dolina “hay que suspender la incredulidad y entonces entregarse a la fe poética que consiste en creer que un gol de Messi nos va a mejorar la vida, y en la medida en que lo creamos, un poco la va a mejorar”.

¿Qué tendrá el fútbol? Pocos deportes consiguen experimentar ese vínculo repentino de creer que aquel que está a tu lado, es tu nuevo mejor amigo.

¿Cómo explicar el fanatismo del pueblo de Bangladesh por nuestra selección?

Ojalá que esta unión entre hermanos pudiésemos mantenerla “en cualquier tiempo que sea”, como aconsejaba el gaucho Martín Fierro.

Las imágenes que desde ayer hemos visto por la televisión en cada rincón de nuestro país y fuera del mismo, lleva a recordar lo que decía el “Negro” Roberto Fontanarrosa: “Escribir sobre fútbol no es contar un partido, lo que pasa en la cancha, sino lo que está afuera, lo que rodea y hace a la cancha. Como hicieron los norteamericanos con sus boxeadores, la pelea es lo de menos. Lo que interesa no es el combate en sí, sino lo que hace a su esencia. En el caso del fútbol es el ADN de la vida”.

Habían pasado 36 años del último mundial ganado por la Argentina. Nueve mundiales donde el sueño de alzar la tercera copa a veces estuvo más cerca o más lejos. “NO te lo puedo explicar, porque no vas a entender, las finales que perdimos cuántos años las lloré”. Muchas lágrimas derramadas que al mismo tiempo mantuvieron vivía la fe y la esperanza en ese objetivo que ayer, felizmente, se pudo lograr: ver al capitán y a sus compañeros levantar a lo mas alto la tercera copa del mundo.

Y los festejos al igual que la pasión por el fútbol no tienen fin. Los tricampeones ya vienen en viaje con la copa y los ánimos muy altos, para continuar la fiesta “en la tierra de Diego y Lionel, de los pibes de Malvinas que jamás olvidaré”, y seguro Messi ahora dirá: “Qué mirá bobo?, vení  pa’cá y festejemos juntos”.

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